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lunes, 28 de enero de 2013

jueves, 20 de septiembre de 2012

Time Untime de Sherrilyn Kenyon (32º libro de la saga Dark Hunter)

Sinopsis
Los mayas no son los únicos que tienen una profecía del 2012 ...
Mucho antes que la misma historia, existía un guerrero tan temido que todo el mundo temblaba ante su ira. Sólo una traición brutal por el más cercano a él pudo derrotarlo. Pero ni siquiera la muerte era el final de un hombre tan fuerte.
El tiempo final se acerca ...
Kateri Avani ha estado plagada toda su vida con sueños que ella no puede entender. Imágenes de lugares a los que nunca ha ido, y de un hombre que jamás ha visto. Su búsqueda de respuestas la han llevado a Las Vegas en donde espera finalmente silenciar a los demonios en su mente.
Lo que nunca había anticipado era encontrarse cara a cara con el guerrero que la había perseguido durante toda su vida.
Ren Waya ha regresado de entre los muertos para mantener la profecía...

Ya disponible.
 

viernes, 10 de agosto de 2012

Extracto del libro de Styxx


Styxx hizo una pausa en el umbral que daba al jardín al ver a Apollymi sentada en un banco de piedra que daba a una fuente oscura. Así que esta era la perra que había cambiado y arruinado su vida para siempre…
Y todo para salvar la vida de su propio hijo.

Probablemente debería odiarla solo por eso, pero dado el echo de que él habría vendido su alma por tener una madre que, aunque fuera, se diera cuenta de que existía, ¿cómo podía hacerlo? A pesar de lo que Acheron pensara, el amor de Apollymi por él era la única cosa que Styxx alguna vez había envidiado.
Eso y el amor de Ryssa.

Styxx tragó ante la vieja herida que se abría nuevamente y lo llenaba de dolor. Él había hecho cualquier cosas que pudiera para hacer que su hermana lo amara, pero sus celos injustificados y el amor por Acheron habían evitado que lo viera como algo más que una persona sin valor, malcriada y egoísta. Mientras había hecho todo lo posible para proteger y escudar a Acheron, Ryssa lo había culpado de forma implacable por cosas sobre las que él no tenía control.

Por cosas que él no había hecho.

Pero él no pensaría más en eso. El pasado era historia antigua. Literalmente.

Este era el presente, y una vez más,  Acheron lo necesitaba. Respirando profundamente, Styxx estudió a la diosa que lo odiaba incluso más que su propia madre y su hermana.

Su cabello rubio claro contrastaba visiblemente con su vestido negro, y ambos fluían alrededor de su cuerpo perfecto. Irónicamente, la diosa Atlante del dolor y la destrucción tenía que ser la mujer más hermosa que jamás había vivido.

El movimiento del agua causaba un sonido similar a un arrullo, a pesar del hecho de que ambos estaban en el infierno. Su aislamiento lo golpeó al recordar el propio y despertó un horror que moría por enterrar cada minuto que pasaba despierto. No había nada peor que existir en un hoyo oscuro donde la única compañía que uno podía tener era la vista del propio rostro en un frío reflejo que mostraba lo mucho que te odiabas a vos mismo.

Pero a diferencia de él, Apollymi no estaba sola en su prisión.

Su mirada se desvió a los dos Charones que estaban de pie a ambos lados de ella. Si bien no hablaban, al menos eran otra forma de vida que tenía cerca. Sin mencionar, ella tenía un ejército entero de Daimons para  servirla y acompañarla.

Él se encogió al recordar todos los siglos que gritó para que alguien, quien fuera, tuviera piedad de él y solo le hablara para poder escuchar algo. Ni siquiera tenían que hablarle a él. Solo decir algo.

Once mil años eran difíciles de soportar.

Once mil años de terrible soledad.

“Así que no sos un cobarde, después de todo.”

Él enfocó su mirada en Apollymi mientras su odio se alzó para devorar cada parte restante de su dolor. “Fui muchas cosas durante mi vida, pero nunca un cobarde.”

Ella se alzó con los mismos movimientos lentos y con gracia que ahora estaba tratando de aprender de Acheron. Mientras ella se dio vuelta para enfrentarlo, sus ojos cambiaron de ese color plateado ondulante a un rojo vibrante- otra cosa que tenía en común con su hijo. “A mi no me engañás, perro. Te veo por lo que realmente sos.”

Styxx contuvo su risa amarga solo por hábito. Como humano, este tipo de comportamiento le habría causado que su padre lo hiciera atravesar una pared de un golpe. Pero Apollymi no podía matarlo.
Solo Acheron podía hacerlo.

“Me cuesta creerlo, mi señora.” Ni una vez durante su vida habían visto la verdad en él. Y estaba en paz con eso. Hacía tiempo que se había acostumbrado a ser prejuzgado y despreciado.

Antes de que pudiera pestañar, ella se desvaneció, para luego reaparecer a su lado. Ella hundió su mano en su cabello rubio y tiró de él. “Si no fuera por mi hijo, en este momento tendría tu corazón en mi puño.”
Él no se estremeció ni reaccionó ante el dolor en lo más mínimo. “Si no fuera por mi hermano, te destriparía en este momento.”

Ella se rió ante su amenaza, y luego lo sujetó del cabello con más fuerza. “No sos nada más que una copia barata de mi Apostolos. Solo una sombra del hombre en el que él se ha convertido. Nadie te confundiría con él. ¿Cómo podrían hacerlo?”

Era raro escuchar sus dudas, las cuales repetía como una letanía, salir de la boca de alguien más. Ella podría ser su padre, diciéndole cómo nunca sería lo suficientemente bueno como para ser rey. Que deberían haberlo ahogado al momento de su nacimiento.

Cuando él no le respondió, ella le gruñó, mostrándole los colmillos. “Te odio.”

Él se burló. “El sentimiento es mútuo.”

Ella le tiró del pelo con tanta fuerza, que le sorprendió que no se los arrancara de raíz y lo dejara sangrando. Con sus ojos brillando nuevamente, ella lo sujetó contra sí misma y le hundió los colmillos.

Él aspiró ante el dolor crudo y constante de su mordida. Un dolor que a ella le daba placer causarle. Por el amor de todos los dios, por favor, arrancame la garganta. Quizás así, por unos minutos, podría estar en paz.

Pero mientras ella bebía de él, su agarre comenzó a dulcificarse y el dolor disminuyó. En unos segundos, se sintió casi como el abrazo de una madre. No era como si él recordara la sensación de ser abrazado. A decir verdad, podía contar con una mano las veces que lo habían abrazado durante toda su vida.

Y ninguno de esos abrazos provino de su propia madre.

Apollymi se retiró para mirarlo con el ceño fruncido. Su sangre manchaba sus labios. Para su completo shock, ella lo acarició con dulzura la herida que había dejado en su cuello. “No tenía idea,” ella le dijo con un nudo en la garganta.

Él se alejó de sus brazos. No quería ni necesitaba la amabilidad ni lástima de nadie, mucho menos de ella. “Si, bueno, todos tenemos mierda con la que tenemos que lidiar.”

Ella se acercó a él, pero el dio un paso hacia atrás. Ya no era un chico que rogaba por un poco de amabilidad de quien sea. Él había aprendido de pequeño que estaba solo en este mundo. Y honestamente así lo prefería.

“¿Listo?” preguntó.

Apollymi asintió sutilmente.

Bien. Ahora podía mudarse a su nueva prisión y dejar todo atrás. Se secó la sangre del cuello y se dio vuelta para irse.

“¿Styxx?”

Él hizo una pausa, pero no dijo nada.

“Gracias por hacer esto por Apostolos,” ella susurró, su voz llena de emoción. “Y, si cuenta para algo, lamento mucho todo lo que te pasó.”

Lo lamento… esa frase hizo que se le frunciera el labio.

Esta vez, le dio rienda libre a las ganas que tenía de burlarse. “Todos lamentan alguna cosa.”  Y la inmobilizó con una mirada abrazadora. “Y hay algunas cosas, mi señora, que con lamentarse no se arreglan.”

Traducción Mariana Agnelli para Rito de Sangre

miércoles, 25 de julio de 2012

Sinopsis del libro de Styxx

Como ya os adelanté antes, parece ser que el siguiente libro de los DH es el de Styxx... a mi francamente no me va a gustar, porque es dificil que te guste una novela cuando odias al personaje principal desde el principio. Yo siempre seré leal a mi Ash... pero en fin, supongo que Sherrilyn Kenyon sabrá lo que se hace.
Sinopsis:

Justo cuando pensabas que el fin del mundo había acabado...
Siglos atrás, Aqueron protegió a la raza humana encarcelando una antigua inclinación del mal en la destrucción absoluta. Ahora el mal se ha desatado y está en busca de venganza. Como el doble de Aqueron, Styxx no siempre ha estado del lado de su hermano. Han pasado mas siglos luchando que protegiéndose las espaldas. Ahora Styxx tiene la oportunidad de demostrar la lealtad a su hermano, pero sólo si él está dispuesto a cambiar su vida por la de Aqueron. Bethany nació para enderezar el mal que dejó a su familia en prisión para la eternidad. Ahora que ella está fuera, nada la impide cumplir con el trato que los liberó. Debe obtener la vida del último Atlante restante y no fallará. Pero las cosas nunca son lo que parecen y Aqueron ya no es el último de su linaje. Styxx y Aqueron deben dejar de lado su pasado y aprender a confiar el uno en el otro o más seres sufrirán. Sin embargo, es difícil arriesgar su propia vida por alguien que una vez trató de obtener la tuya, aun cuando se trata de su propio gemelo, y cuando las lealtades están sesgadas y ya no puedes confiar, ni siquiera en ti mismo, ¿cómo encontrar un camino de regreso de la oscuridad que quiere consumir todo el mundo? ¿Una que quiere empezar por devorar tu alma?

A la venta el 6 de agosto de 2013 en EU

traducción Maikiniky, Staff Foro Dark Hunters Spain

viernes, 6 de julio de 2012

¿Styxx es el siguiente libro de DH?

Sherrilyn Kenyon ya está pensando quien va a ser el siguiente libro de la saga... y parece ser que podria ser de Styxx, el hermano de Ash. Traducción.
Interesante llamada de Sherri. A pesar de que no me daría más detalles, mencionó que el próximo libro de los DH podría ser sobre Styxx. Odio cuando se le caen estas pepitas y luego se niega a decirme nada más. Es cruel.
Carl MB
Traducción Maikiniky, staff ForoDark Hunter España
Fuente Oficial Sherrilyn Kenyon

viernes, 22 de junio de 2012

Primer capítulo de Time Untime

Primer Capítulo

10 de Diciembre,2012 Las Vegas, NV 3:00 AM

“Las plumas se están formando en el cielo y la Luna Fría casi está sobre nosotros. Pronto, el Padre Serpiente abrirá sus ojos, y con ellos, las siete puertas.”

Ren bajó la cabeza al escuchar el acento británico propio de Choo Co La Tah quebrando la solemnidad de la oscuridad donde estaba sentado, escuchando el silencio a su alrededor. Esas plumas eran la corona en la cabeza de la constelación de la serpiente que dominaba el antiguo calendario. Cuando las plumas estuvieran armadas y el solsticio de invierno alineado, las puertas entre este mundo y los otros se abrirían. Y en este mundo se derramaría la maldad que había sido contenida no solo por su gente, y no por los otros seis continentes también.

Once días.

12/21/12. 11:11 AM. En ese preciso instante el corazón del universo atravesaría el árbol de la vida. La cabeza, corazón y cuerpo estarían alineados por primera vez en siglos.

¿Acaso no era perfecto? Si alguien alguna vez había dudado el balance y los ciclos del universo, eso debería ser prueba suficiente para convencerlos de que si bien todo parecía una casualidad, no lo era. Nadie, excepto el Gran Creador, podría haber calculado esto tan perfectamente.

Once días para volver a comenzar.

Ren podía sentir el tiempo correr. Cada latido los acercaba a lo inevitable. A el infierno liberándose en la tierra.

Sería un buen momento para reportarse enfermo.

Si solo pudiera. Pero esos lujos le pertenecían a los humanos, no a los inmortales como él. Para criaturas como él nunca había un día feriado. Ganara, perdiera o empatara, pelearían hasta el final y matarían a tantos enemigos como les fueran posibles.

Unidos peleamos.

Unidos moriremos.

Y para un inmortal, la muerte era más temible que para un humano. Cuando uno moría sin un alma, era la agonía más pura durante toda la eternidad.

El infierno no se comparaba con la existencia que tendría si moría.

Ren inclinó su cabeza en señal de respeto. “Estuve mirando las señales.” Durante las cuales había tenido la visión que todavía lo perseguía. Incluso con sus ojos abiertos, la veía claramente. Sentía su presencia como si estuviera ahí con él, en ese momento.

Pero no tenía idea de quién era. Una simple mujer con el coraje de un ogro, ella había venido a él a través de la oscuridad. Vestida en pieles amarillas, ella se había recogido su cabello castaño y lo había intercalado con plumas. Como la diosa que había tomado su alma, ella se había arrodillado a su lado donde yacía herido en el sueño. Su dulce voz lo calmaba mientras cantaba en un lenguaje que no había escuchado a ninguna mujer hablar en dos mil años.

La muerte lo había sostenido hasta que ella apoyó su mano en su mejilla sangrienta. Acercándose continuó con su canto, su aliento en su piel. Su dulce toque y su calmada voz habían disipado su dolor hasta que no sintió otra cosa excepto el calor de su piel contra la de él. Su mirada había sostenido la suya mientras besaba sus labios. Un beso tan suave, que se sintió como las alas de un colibrí.

“Estoy aquí por vos.” Ella le había susurrado un instante antes de clavarle un cuchillo en el corazón. Con el dolor quemándolo, ella se había reído, y luego lo había abandonado para que muriera solo.

Apenas había terminado con esa visión que Choo Co La Tah había aparecido en su jardín. Durante la última media hora, había estado observando solemnemente el cielo, esperando que algo que desmintiera lo que él sabía que estaba por venir.

Nadie puede detener un a un tren. Lo mejor que podían hacer era sangrar en las vías.

Ren se levantó lentamente en el medio de su jardín y luego se dio vuelta para mirar cara a cara al antiguo inmortal. Siglos atrás, habían pertenecido al mismo clan. Choo Co La Tah había sido el amigo y consejero más confiable de su hermano.

Pero las cosas cambiaban. Al igual que la gente. Muy a menudo uno se despertaba para darse cuenta de que la persona más cercana a vos era la que menos conocías. Y como Ren había aprendido de primera mano, el amigo saturado con odio era lo que más temía. Si bien sus enemigos podían dañar su cuerpo, un amigo maligno podía dañar el corazón y la mente- dos cosas que podían ser fatales.

“No hay rastros de La Vigilante.” Choo Co La Tah miró hacia la constelación de Pleiades sobre ellos, y se enfocó donde la yacía la primera puerta. Las mismas estrellas en las que Ren había estado concentrado. “¿Y si ella ya está muerta?”

“Un buen amigo, me dijo una vez que no hay que temerle al futuro. De una o de otra forma, vendría. El truco era recibirlo con los brazos abiertos para que cuando te pasara por encima, no te rompiera nada.”

Choo sonrió. “Era mucho más joven y flexible en aquellos días.”

Ren se rio ante el antiguo quien físicamente parecía ser un hombre musculoso en sus treinta. Vestido con una chaqueta de piel de ciervo color tostado y jeans, Choo usaba su largo cabello negro en una trenza – al igual que Ren. Y en sus dedos tenía ocho anillos de plata, cada uno protegía una piedra sagrada. Al igual que él, Choo una vez había sido elegido el mejor de los guerreros de su clan. Habían ido juntos a la guerra, y ellos también habían peleado el uno contra el otro. Irónicamente, Ren había sido el único que había podido derrotar a Choo Co La Tah.

Algo en lo que había hecho trampa.

Por suerte, Choo Co La Tah no se había enojado.

Mucho.

Ren cruzó sus brazos sobre su pecho al darse cuenta de lo frío que se había puesto el aire nocturno. Durante su meditación no le había prestado atención al bajón de temperatura. Ahora, el viento en el frío desierto se hacía notar. “Además, no se su muerte lo que deberíamos temer, tanto como la posibilidad de que su piedra esté ahora en las manos equivocadas.”

Choo Co La Tah estuvo de acuerdo. “Y eso es lo que más temo. La ghighau ya debería haberme contactado. Como no lo hizo todavía…” Su frustración era tangible. “Ni siquiera sé quién es ella en esta vida.”

Él tampoco lo sabía. Para poder protegerla de todos los depredadores que la matarían si pudieran, los espíritus nunca habían dejado que los Guardianes conocieran su identidad hasta que fuera necesario. Los Guardianes eran inmortales, pero la vigilante no lo era. Nacida como criatura humana, ella pasaba la piedra sagrada de madre a hija, junto con la historia de su deber más sagrado.

Con dos de los Guardianes muertos, Choo y el hermano de Ren, Coyote eran los únicos que quedaba para asistirla a resetear el calendario y mantener las puertas cerradas.

Un Guardián que podría protegerla.

Su hermano, que la mataría.

Ren estaba entre ambos. Si bien tenía la intención de pelear del lado del Choo Co La Tah hasta el final no estaba seguro de qué haría contra su hermano. Una parte de él todavía odiaba a Coyote con tantas ganás de vengarse que lo amargaba. Pero más profundamente sentía una culpa tan arraigada que ni siquiera estaba enojado por la tortura a la que Coyote lo había sometido el año anterior después de capturarlo.

¿Cómo podía odiarlo cuando le había causado mucho más daño que eso?

Las traiciones nunca eran fáciles. Cuando venían de un extraño, eran malas. Cuando venían de un amigo, eran dolorosas, pero cuando venían de la familia…

Eran devastadoras.

Le dio una palmada en la espalda a Choo Co La Tah. “Mirá el lado positivo. Al menos convocó a los Anikutani.”

“Si, pequeño. Pero recordá que todavía tenemos que sobrevivir once días más. Un pequeño descuido puede deshacer todos nuestros esfuerzos por proteger a este mundo y no existe nada más peligroso que un idiota con una idea fija.”

Ren se burló de su optimismo. “Claro que lo hay, Choo.”

“¿Y eso sería?”

“Un idiota con conexión a internet y un pack de 6 lasta de Red Bull.” Pero dejando la broma de lado, Choo Co La Tah tenía razón. Si alguien liberaba el sello que contenía a los hermanos de Ren aprisionados durante el Tiempo Sin Tiempo…

Iba a llamar al trabajo para reportarse enfermo.

E iba a encontrar un agujero para meterse adentro.

El solo pensar en su regreso, causó que se le anudara el estómago y que los escalofríos le recorrieran los brazos como si su subconsciente estuviera tratando de advertirle que ya era demasiado tarde como para pensar en correr. Se sentía como si el sello ya se hubiera roto.

Basta. Es el viento.

De eso no tenía dudas. Pero la pregunta era: ¿Ese viento venía del desierto?

¿O el sello estaba siendo movido?

Truducción de Mariana Agnelli para Rito de Sangre

Prólogo de Time Untime

Prólogo

En un pasado distante, y no registrado.

No era divertido ser el vigilante de las puertas del infierno. Lo único peor era que El Mal te tratara como su perra, y Makah’Alay Omawaya ya había pasado por eso.

Por decisión propia.

Un tic comenzó en su barbilla esculpida mientras el salvaje viento arremolinaba su largo cabello negro, azotándolo mientras estaba parado al borde de un precipicio, con su cuerpo musculoso y sus armas delineadas por la luna.

Harto y cansado, observó el rojizo cañón que estaba bañado por la luz de la luna y haciendo que las sombras bailaran recordándole su pasado.

¿Cómo era posible que un solo hombre arruinara tantas vidas?

No, arruinar no.

Destruir.

No tenía derecho a estar vivo. No después de todas la sangre que había derramado por egoísmo con su cuchillo y sus flechas. No después de las atrocidades que había cometido. Y aun así, aquí estaba. Solo.

Avergonzado.

Sin poder morir.

Un guardián designado dos veces a cuidar un mundo al que había hecho todo lo posible para aniquilar. Si, no tenía sentido para él tampoco. Los espíritus eran un misterio. No podía ni comenzar a entender su razonamiento al dejar que él pudiera volver a este lugar.

Pero entonces, la única lección que había aprendido después de pasar por todo esto era la verdad en el antiguo dicho – El hombre tiene responsabilidades, no poder. Después de todos estos años, finalmente entendía lo que quería decir.

No voy a fallarles.

Ni a mi mismo.

Estoy decidido. . .

Él vivía su vida presente por decisión propia, no por casualidad. Los espíritus no lo habían elegido para esta tarea. Él se había ofrecido. Sin más excusas, podría cambiar para mejor.

Esta vez, sería motivado, no manipulado.

Sería útil. No usado. Se destacaría, en vez de competir.

Desde este momento en adelante, confiaría en su sabiduría interior e ignoraría al consejo y a la opinión de los otros. Su autocompasión sin valor, finalmente lo abandonaba y él haría lo posible para construir su autoestima.

Para vivir su vida con honor, de la forma que siempre debería haber sido.

Su mirada registró la profunda caverna debajo donde una vez había librado una batalla contra un poderoso inmortal por un año y un día. Todavía no sabía cómo o dónde había encontrado la fuerza para la batalla. Pero en ese entonces su adrenalina y los años de humillaciones pasadas que todavía sentía aferrados a su garganta habían evitado que sintiera ningún tipo de dolor. Habían evitado que sintiera la fatiga y las heridas. Liberar tantas décadas de furia contenida lo habían alimentado mejor que la leche materna.

Si solo pudiera sentirse reconfortado. Pero con la pelea finalizada y la sangre en sus manos, se sentía cansado y enfermo. Asqueado. Solo quería culpar a alguien más. A quien sea. Pero al final, no podía ocultarse de una simple realidad.

Solo él había causado esto. Había tomado la decisión y había dejado que alguien más controlara sus pensamientos.

Ahora era tiempo de enmendar las cosas.

No estás libre, Makah’Alay. Nunca dejarás de servirme. Ahora te tengo por el resto de la eternidad.

“No, no es así.,” le contestó en su mente, tan fuerte que se escuchó en las tierras del Oeste donde el Espíritu del Oso estaba apriosionado.

Con suerte, por toda la eternidad.

Él espíritu del oso había sido dueño de Makah’Alay Omawaya.

“Makah’Alay Omawaya está muerto.” Asesinado por la traición de su hermano. Y eso también había estado justificado.

Ahora era solo Ren, y su alma estaba en las manos de una inmortal de una tierra lejana del cual no supo de su existencia hasta el día de su muerte.

Art-uh-miss. Ella había manipulado la magia que lo había traído nuevamente a este reino. Y él se había jurado proteger a este mundo de las criaturas de sus hermanos, los cuales eran predadores de las almas de la humanidad. La simetría y la ironía del asunto no le pasaron desapercibidas.

Pero entonces su gente siempre había creído en ciclos y en círculos…

Sé amable con todos, porque volverás a encontrarte con ellos nuevamente. La gente era la misma, solo las circunstancias cambiaban.

Y el hecho de que Artemisa fuera la dueña de su alma después de todo lo que había hecho, parecía justo. Sin mencionar, que le había permitido vigilar a su hermano para asegurarse de que Coyote no dañara la tierra más de lo que lo había hecho Ren.

Aun así, no podía negar que mientras el Espíritu del Oso estuviera atrapado en las tierras del oeste, el bastardo todavía poseía una parte de él que por siempre estaría corrompida.

Una parte que esperaba que estuviera sellada tan fuertemente como las puertas que contenían al espíritu del oso.

Pero muy profundamente, con los poderes que Ren había maldecido desde el momento de su nacimiento, vio lo que iba a venir. Esas puertas se debilitarían. Y si bien él era fuerte, un hombre, incluso un inmortal, no era tan fuerte. El abuelo tiempo seguía adelante mientras espiralaban por las tierras que él había cambiado para siempre.

Sus fuertes manos moldeaban y le daban forma a la tierra.

Como Ren, él la afectaba.

Un día, el Abuelo Tiempo vendría por él y demandaría ajustar cuentas por todo lo que Ren había hecho.

Por todo lo que no había hecho.

Que los buenos espíritus de la tierra los ayudaran cuando llegara ese día. El cambio nunca llegaba sin sacrificios. Y si bien conocía su fuerte, también conocía sus debilidades.

También el espíritu del oso y su dama de compañía la Vidente del Viento. Ellos ya lo habían reclamado como propio una vez.

La próxima vez que se enfrentaran, Ren pelearía con todo lo que tenía. Pero sabía que no sería suficiente. Volverían a poseerlo, y el mundo del hombre…

Ren se encogió ante sus visiones del futuro y lo que le esperaba al mundo que no tenía idea de las cosas que los hombres como él luchaban por contener.

No importaba si no cambiaba nada. Él pelearía por el bien con más fuerza de lo que había peleado por el mal. Si ganaba, todo iría bien. Si perdía…

La muerte tenía algunos beneficios.

Traduccion de Mariana Agnelli para Rito de Sangre

Nota y Recomendaciones